El estrés es un mecanismo ideado por nuestro organismo para ayudarnos a afrontar situaciones complicadas. Es un comportamiento reflejo que permite a nuestro organismo el adaptarse a presiones internas y externas y seguir funcionando. Por lo tanto el estrés es una respuesta adaptativa, natural y necesaria.
Un “poco” de estrés no es malo, incluso nos puede ayudar a conseguir objetivos y motivarnos. El problema surge cuando esta respuesta del organismo pasa de ser algo puntual a ser algo permanente. Es en este último caso cuando pueden empezar a presentarse algunos síntomas como: trastornos digestivos, falta de concentración, problemas para conciliar el sueño, aumento de frecuencia cardiaca, tensión muscular e incluso mareos.
A nivel interno, una situación de estrés continuo contribuye a que se pueda dar estrés oxidativo. El estrés oxidativo es un fenómeno a nivel celular que se produce por un desequilibrio entre el número de radicales libres (moléculas producidas por nuestro organismo para la realización de ciertas funciones) y antioxidantes que puede producir un envejecimiento prematuro de las células.
El exceso de radicales libres puede afectar a nuestras defensas, traduciéndose en un mayor número de infecciones y trastornos. Podemos ayudar a nuestro organismo consumiendo alimentos ricos en nutrientes antioxidantes como:
– Vitamina C: casi todas las frutas y verduras tienen vitamina C pero las podemos encontrar en una mayor proporción en los cítricos, el kiwi, la piña, fresas, tomate, pimiento, brócoli y espinacas.
– Vitamina E: presente en aceites vegetales (de girasol, maíz, oliva, germen de trigo…), en los frutos secos y en las hortalizas de hoja verde (espinacas, brócoli).
– Caroteniodes: presentes en la zanahoria, acelgas, calabaza o tomate.
– Selenio: presente en las nueces de Brasil, el pescado, la carne de cerdo, los huevos, el ajo y los cereales integrales.
– Magnesio: es considerado el mineral relajante por excelencia por lo que resulta muy útil en caso de estrés. Podemos encontrar este mineral en los frutos secos, las legumbres y los cereales integrales. En nuestro artículo sobre el magnesio profundizamos en las características de este nutriente.
– Hidratos de Carbono: en periodos de estrés nuestro cerebro consume más energía en forma de glucosa, por aumento de la hormona cortisol. Por esta razón hay que proporcionarle el combustible necesario a través del consumo diario de alimentos como el arroz, la pasta, la harina, el pan, las patatas o los cereales.
– Limitar el consumo de café o té. Contienen sustancias estimulantes del sistema nervioso. Una buena idea (sobre todo para los amantes de las infusiones) es reemplazar estas bebidas por infusiones de manzanilla, tila, melisa o valeriana. De esta manera podemos seguir tomando nuestra taza de infusión diaria pero, además, las sustancias que contienen nos ayudarán a combatir estados de estrés o ansiedad.
– Evitar alcohol y tabaco, agravantes de la ansiedad y el estrés.
Ante los primeros síntomas es bueno parar y examinar el ritmo de vida que llevamos. El estrés se puede colar en nuestra vida casi sin darnos cuenta.
Como hemos visto hay una serie de alimentos que debes favorecer en tu alimentación diaria y otros que debes evitar.
No todo es alimentación, deberás complementar tu dieta con la práctica de ejercicio y la realización de actividades que ayuden a desconectar (escuchar música, hacer meditación, leer..etc)
https://aizea.es/alimentacion-y-estres/Leer más en este enlace.
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