La diferencia entre ambos tiene que ver con su forma química, lo que hace que el hierro hemo se absorba mejor que el no-hemo, ya que este último, para ser absorbido, tiene que ser transformado previamente (de férrico a ferroso).
Como decíamos, es el hierro de los alimentos de origen animal es el que tiene mayor biodisponibilidad, lo que hace que se absorba alrededor del 25 % de lo que ingerimos. En cambio, el hierro de origen vegetal, se absorbe en función de las reservas corporales (en torno al 3 o al 5 % de lo ingerido). Esto no significa que debamos dejar a un lado el hierro no-hemo de los vegetales que también es beneficioso para el organismo.
Además de la forma química del hierro de la que hablábamos antes, existen otros componentes en los alimentos que pueden incrementar o disminuir la absorción de este mineral.
– La absorción del hierro hemo; se ve favorecida por la carne y no se conocen, hasta ahora, más activadores para este tipo de hierro.
– Absorción del hierro no hemo; tiene más activadores que el primero. Entre ellos podemos mencionar el ácido ascórbico (vitamina C), el cítrico y el málico (presentes en las frutas, sobre todo en los cítricos) así como la proteína de origen animal.
Por suerte, contamos con muchos más alimentos ricos en vitamina C de lo que podrías imaginar a parte de los cítricos y el kiwi: es el caso de los pimientos (en algunos casos tienen más vitamina C que las naranjas), las coles (de Bruselas, brócoli, lombarda, repollo) y ciertas frutas como la papaya, la fresa o el mango.
Por tanto, si tomamos una fuente de vitamina C (naranja, frambuesa, tomate…) junto a fuente de hierro no-hemo (como el de las legumbres), incrementaremos la absorción intestinal de hierro.
– La biodisponibilidad del hierro de origen animal (hemo) puede verse afectada de forma negativa por un mineral, el calcio.
– El hierro de origen vegetal (no-hemo) tiene un mayor número de sustancias que reducen su absorción: el calcio, fosfoproteínas del huevo, fitatos (presentes en granos integrales enteros y legumbres), oxalatos (mayoritariamente presentes en verduras de hoja verde), manganeso (en nueces, cereales integrales, legumbres, verduras de hoja verde) y tanatos (presentes en el cacao, té y café).
El secreto para mantener unos niveles adecuados de hierro es seguir una alimentación variada y equilibrada prestando especial atención a los niños, personas jóvenes, mujeres en edad fértil y ancianos (colectivos susceptibles de tener un déficit).
Recuerda que una persona sana, al combinar los diferentes alimentos (en toda su variedad) está activando e inhibiendo constantemente la absorción del hierro sin riesgo de carencias.
Si por algún motivo no conseguimos llegar a los requerimientos nutricionales diarios de este mineral a través de la dieta, podríamos apoyarnos en la suplementación (previa consulta con el médico).
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