Esta es la característica básica del principio de igualdad: la Igualdad de Trato, que se convierte en una condición necesaria de nuestras sociedades democráticas por su propio significado: la prohibición expresa de discriminación. Ahora bien, esta acepción por sí misma no es suficiente para alcanzar una situación realmente igualitaria, ya que no permite reducir las desventajas sociales existentes entre los grupos que sufren y han sufrido discriminaciones.
